"Persing fue visto acariciando y besando a Sewell en el cuello y con su cara presionada contra el área vaginal de ella mientras ella sonreía", dice la prueba del FBI contra una pareja que se hacía arrumacos en un vuelo de South Western, por lo que fue acusada de violar la Ley Patriota que reprime actos terroristas. Carl Persing y Dawn Sewell, la pareja que podría ser condenada a 20 años de prisión, "estaba acurrucada y besándose inapropiadamente, haciendo sentir incómodos a los pasajeros". La azafata fue a pedirles que pusieran fin a sus demostraciones amorosas y Persing advirtió a la aeromoza con "serias consecuencias si no los dejaban en paz", lo que fue tomado como "una amenaza terrorista a personal de vuelo".
Página 12, Buenos Aires.
15 de noviembre de 2006.
Lúdico Andar
20.11.06
TERRORISTAS
Autor del crimen:
//MPozo//
Hora del accidente:
20:48
2
Ser(es) reaccionaron, seguro debieran ser menos...
4.9.06
UN GEMIDO DE LOCURA EN MEDIO DEL E-N-G-A-Ñ-O
Oh qué tardes aquellas,
en las cuales el trombón de la mentira resonaba sonriente.
Y el pensar en un hielo como eje de todo quehacer es tan mío y alejado,
oídos sordos que no necesitan aquel veneno de mediocridad,
pero el toro a veces se torna manso,
como dispuesto a recibir su propia estocada,
consumarse el paupérrimo deambular
en una mancha violácea en la orilla del camino.
Y será un vómito maravilloso,
aplastar con el pulgar
los escombros de otro alzamiento de esa ética incansable,
pero cómo reducir todo a restos,
quizá una vez fue simple pero...
son esos sesos presos que ya no valen ni dos pesos cuando saboreo la amargura de tus besos,
si, los tuyos, crudelísima debilidad,
que has tapado con esa mierda todos mis accesos
al grito desenfrenado y prístino.
Dejémonos de joder con rimas consonantes...
Toma el puñal, sabes?
Corta el cordón cuidadosamente,
salta el barranco y rompe esa ventana que bloquea el ansiado inodoro,
aquel agujero te espera.
No te decides?
Hazlo o todo será el terminar de este coito extensible en cada suspiro del día,
la siempre reflexionada degollación final,
el saxófono de Charlie apuntando el cielo raso por última vez,
si, insinuar allí,
te toca sacar provecho del último recurso,
todo muy bien, siempre y cuando el séptimo cielo esté bien apuntalado.
en las cuales el trombón de la mentira resonaba sonriente.
Y el pensar en un hielo como eje de todo quehacer es tan mío y alejado,
oídos sordos que no necesitan aquel veneno de mediocridad,
pero el toro a veces se torna manso,
como dispuesto a recibir su propia estocada,
consumarse el paupérrimo deambular
en una mancha violácea en la orilla del camino.
Y será un vómito maravilloso,
aplastar con el pulgar
los escombros de otro alzamiento de esa ética incansable,
pero cómo reducir todo a restos,
quizá una vez fue simple pero...
son esos sesos presos que ya no valen ni dos pesos cuando saboreo la amargura de tus besos,
si, los tuyos, crudelísima debilidad,
que has tapado con esa mierda todos mis accesos
al grito desenfrenado y prístino.
Dejémonos de joder con rimas consonantes...
Toma el puñal, sabes?
Corta el cordón cuidadosamente,
salta el barranco y rompe esa ventana que bloquea el ansiado inodoro,
aquel agujero te espera.
No te decides?
Hazlo o todo será el terminar de este coito extensible en cada suspiro del día,
la siempre reflexionada degollación final,
el saxófono de Charlie apuntando el cielo raso por última vez,
si, insinuar allí,
te toca sacar provecho del último recurso,
todo muy bien, siempre y cuando el séptimo cielo esté bien apuntalado.
Autor del crimen:
//MPozo//
Hora del accidente:
08:11
1 Ser(es) reaccionaron, seguro debieran ser menos...
11.5.06
Y Te Saliste Del Corral...
Parece muy lógico el estar preocupado por el primer-parcial-importante en la universidad. Pero mi caso es distinto, estoy quizá exageradamente impertérrito ante algo tan importante, pero piénsalo un poco más, en el fondo no tiene tal importancia, después de haberlo terminado todo transcurrirá tal cual como antes de comenzarlo, será aun la gente caminando por las pintorescas calles porteñas, la gente transformada en manada sobre el subte, los animales sudorosos y malolientes por los 40 grados centígrados de sensación térmica en el subte, yo leyendo y formando parte de la manada, la manada suelta y sin pastor corre por tomar el subte hacia Constitución, e-te-ce... Así recuerdo al ebrio con aspiraciones humorísticas de la pasada semana, quien comentó en el tren: "Sólo falta que nos caguemos encima", aludiendo a lo apretado que se viaja en el siempre detestable e inevitable conjunto de vagones requerido por los usuarios provenientes del sur de la Gran Capital, y el tipo tiene toda la razón, sólo nos falta llegar a eso. Tal es el panorama de Buenos Aires, donde obviamente nadie está muy enterado del parcial de "historia de la cultura y la civilización" de mañana jueves. Aprovecho entonces de confundime con la manada y desestimar la importancia de leer sin parar para el primer-parcial-imp...(p.p.i.), así las cosas subo el cierre de mi chaqueta, tomo mi mochila y un libro casi casi engullido para leer en el camino las escasas páginas restantes, cierro con candado mi habitación, dejo con doble seguro la puerta de la iglesia, me dirijo a tomar el micro, el tren y el subte para llegar al Teatro Gran Rex, bajo en Diagonal Norte y camino una cuadra aproximadamente hasta encontrarme en Av. Corrientes 857. Allí compruebo que no fue en vano salir temprano ni aplazar para la noche (o "última hora" para aquellos inacabados obsesionados con la responsabilidad) el estudio para el p.p.i., ya que ahí estaba imponente el cartel de los "Conciertos del Mediodía", consistente hoy en tres obras del festejado Wolfgang Amadeus Mozart. Como pasa en todo evento gratuito, tuve que ubicarme, siendo obviamente el recién llegado, en el último lugar de la fila para entrar al recinto. Y todo parece tan real, uno se escapa del pasado cúmulo de pensamientos, de pronto el suelo vuelve a parecer firme y mis pies lo pisan confiablemente, porque es uno solo para todos, además con la gente nos observamos de modo recíproco como legitimando un estado de tiempo y espacio único, una ubicuidad ineludible para ningún miembro de la sociedad, así todos vemos esa nube con forma de árbol que pasa sobre nuestras cabezas. Pero no creo que todo vayamos a captar la misma esencia de Mozart, definitivamente la Sinfonía 40 no puede ser igual para mi como lo es para una de las muchas octogenarias de la fila, de aquellas que ya se ubican detrás mío, y ciertamente, su capacidad auditiva seguro deja mucho que desear. Pero por favor, los sombreros bailan a mi alrededor sin dueño a quien adjudicarle un estado lógico de pertenencia, estoy solo como siempre estamos todos, y definitivamente la incomunicación no es un problema posmoderno, no volviendo a la llana convivencia rebosante de moralidad del medioevo lograremos ser nuevamente seres interdependientes y preocupados en su prójimo, porque jamás hemos tenido un modo de comunicación válido, o tu crees que por dialogar con el tipo del negocio ya te enteraste de su experiencia y esencia, seguramente se mostró amable para que vuelvas a comprar allí, Durkheim habla de la solidaridad especulativa, y todo es confusión de deseos insatisfechos e irrealizables por la propia capacidad, de seguro el del lado nos ayudará a subir un poco, ¿subir dónde? A ningún lado, se sigue en un estado de mediocridad absoluta, la gente intenta relacionarse con los demás para "ascender", cuando la soledad es la mejor de todas las siembras humanas, y, siendo más sincero, no se pueden establecer parámetros tangibles, porque chocan de seguro con los de los demás, y si no queremos colisionar mejor aceptemos lo preestablecido, feo ¿no? Pero a la mayoría no le atrae la estética que envuelve de la vida del misántropo, y generalmente el paraíso edénico es necesario, sin él no pisaríamos siquiera el escalón del engaño nietzscheano, la ilusión nos insta a seguir viviendo en esto que muchos llaman soberbiamente "realidad", siempre que no miren más allá de sus hombros, claro. Tras dar mis últimos veinte centavos a cambio de un programa del concierto, veo asomar por el telón un par de temblorosos zapatitos rojos con taco alto, envolventes cada uno de un pie, y sobre ambos pies asomaban recatadamente dos delicadas y vacilantes piernas, pertenecientes al cuerpo en peligro de extinción de una señora insegura y de edad indescifrable, quizá gozaba de una décima parte de la edad de Matusalén, quien supuestamente vivió 969 años, lo cual es algo tan improbable como la posibilidad de que la mujer sobre el escenario haya puesto en práctica en alguna ocasión anterior su nula capacidad oratoria. Comenzó a expulsar húmedas palabras, de pronto se detuvo, agitó las hojas de auxilio y les hechó un buen vistazo para proseguir con lo establecido en ellas, carente de recursos escénicos nos agradeció en demasía por asistir al evento, se mostró conmovida por la cantidad de público, apenas se oyeron algunos aplausos huyó con ritmo acelerado del escenario, el cual se veía mucho más digno repleto de orquesta y oberturas. De la presentación nada que decir, para ser gratis no tuvo puntos bajos, uno agradece esas cosas de esta ciudad, música y cine enteramente asequibles. Entregado a mi suerte fui a ver si podía retirar el dinero proveniente de Santiago, como ese trámite resultó con éxito pude proseguir laxo el día de vagabundeo, para más tarde ir a estudiar con mis compañeros de facultad (zzzzz). En el notable consultorio de reunión intenté explicar lo que ocurrió en el siglo XIX en lugares como Inglaterra y Francia, los trillados temas de la revolución industrial y revolución burguesa respectivamente, además todo el menú iba acompañado patéticamente por la evolución de la Escuela de Annales y su empecinamiento por aniquilar la podrida historia tradicional. Después de mucho comer y poco estudiar nos disolvimos, acepté entonces la invitación de Rina, mi simpática amiga ecuatoriana, de pernoctar en su departamento para ayudarle un poco con la sedición de los franceses. Hojeó largamente mi cuaderno con mis sorprendentes apuntes, y cuando el sueño vence a eso de las 3 me construyó una confortable cama de cojines, en la cual dormí bajo el influjo del, añorado desde mi exilio, saxo de Charlie Parker. A eso de las 9 el jazz seguía su delicioso curso, pero de pronto una lejana alarma prorrumpía sin cesar desde la mísmisa música, que ahora era la voz inconfundible de Louis Armstrong, si, Louis y una detestable alarma, quizá nunca más escuche jazz, puede provocar cefalea, pasa que cuando se está durmiendo tan bien con esa voz de fondo... quizá el cd esté rayado, habrá que regrabarlo, ¡¡a la mierda con el cd traicionero!!, la radio que está aproximadamente a diez centrímetro míos en el mundó físico donde tuve los ojos abiertos por última vez parece tan lejana desde donde me encuentro, es un stop inalcanzable, no queda otra, al abrir los ojos me percaté de todo muy claramente, había olvidado que programamos el despertador, de ese modo ya se había arruinado algo que fue como un volver a mi cuarto, como dormir una siesta mientras llegaba de lejos el aroma del huevo-con-tomate fritos que untábamos en las crujientes marraquetas a la hora de tomar once, u hora de cenar en el resto del mundo. Ya bien despiertos, desayunamos y volvimos al consultorio, había que seguir aclarando hasta quince minutos antes del exámen que la asamblea constituyente, que el juramento del juego de pelota, que la toma de la Bastilla, que el Terror de Robespierre, todo aderezado con generosas dosis de guillotina. Me di cuenta que mis compañeros estaban nerviosos, a esas alturas no entendían ni a palos, lo peor era que realmente les interesaba aprobar, así imaginé las dos opciones de cómo afrontar ese tipo de situaciones: aceptar la derrota dignamente y prepararse mejor para el "siga participando", o, lo mejor a mi parecer, ver sombreritos bailando y patear piedras que dibujen pavimentos.
Autor del crimen:
//MPozo//
Hora del accidente:
03:07
3
Ser(es) reaccionaron, seguro debieran ser menos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

